Edición  Agosto 2017

Pensando en voz alta

Las cosas existen si crees en ellas

( Marvel Moreno, " La tía Oriana" ) 

Quién lo creyera

Curiosidades turísticas: " recuerditos"  que los huéspedes de los hoteles lleva al regresar a casa.

Empezemos siendo sinceros, quien no ha empacado el frasquito del shampoo o de la crema de manos que le parecieron especialmente agradables ¿  Levanten la mano los que no lo han hecho.... mmmm ... no veo  ninguna mano levantada, tampoco la mía ....No hay razón para apenarnos, los hoteles preveen que  muchos huéspedes se llevan algún  elemento de tocador y por eso no lo cuentan como pérdida sino como un souvenir o recuerdo de su estancia en el lugar.

 

Pero nadie imagina la variedad de cosas que los huéspedes se llevan de la habitación de un hotel; muchos son creativos y hasta algo descarados a la hora de escoger qué empacan en la maleta como “recuerdito” de su estadía en ese lugar..

 

En el sector hotelero no causa  asombro que una que otra toalla de manos se pierda de la habitación; un hotelero de Hamburgo da por descontado que  anualmente se pierdan unas 300 toallas de baño grandes y 150 pequeñas,  pero los huéspedes aficionados a llevarse también la bata de baño aumentaban y por ello muchos hoteles han decidido  colocar el precio sobre cada bata, logrando reducir en algo ese hurto.

 

Pero es que hay casos que realmente asombran,  huéspedes que empacan  - increíble-  los cuadros que decoran la habitación, la almohada y hasta las sábanas.    

 

Los amigos de lo ajeno no se miden a la hora de echar en la maleta las propiedades del hotel, una encuesta entre hoteleros alemanes muestra hasta dónde llegan algunos: los bombillos, las planchas, las teteras eléctricas y por supuesto el secador del pelo forman parte de la lista; estos no son turistas sino desmanteladores profesionales diría yo.

 

El anonimato ayuda a que se dé este fenómeno ya que es en los hoteles grandes donde más casos de robo se presentan mientras que en los hoteles pequeños se producen menos pérdidas. 

 

Lo curioso es que los hoteles tienen hasta clasificados a los huespedes amigos de lo ajeno por nacionalidades y saben que los alemanes empacan con agrado las toallas, los austriacos la cafetera, los suizos son amigos de llevarse el secador, los italianos las copas de vino,  y los holandeses los bombillos y el papel toilette.  Pero los más extravagantes son los franceses: empacan sin ningún rubor el televisor ....

 

Tal vez en otra ocasión investigue cúal es la debilidad de nosotros los turistas latinos. 

 

 

Fuentes: SZ . J. Rothaas

Abrázame por favor

La ciencia médica confirma algo que  sabemos instintivamente, que el contacto de una persona cercana nos ayuda a aliviar el dolor.  

 

El abrazo nos calma y proporciona seguridad; eso lo experimenta un bebé a través de ese primer contacto con la piel de su madre, y esa capacidad de interpretar la cercanía física de un ser querido nos acompañará toda la vida.

 

Cuando vemos a  alguien a quien tenemos afecto, los gestos de alegría no se limitan a la sonrisa o la mirada, sino que buscamos el abrazo; cuando recibimos  malas noticias, cuando estamos tristes, una mano que se posa sobre las nuestras, un toque en el hombro, un abrazo, todo eso nos brinda consuelo. Si vamos a enfrentarnos a un reto, a situación nueva o desconocida, el contacto de una persona cercana a nuestro afecto nos estimula y da ánimo.

 

Ese contacto influye no sólo en las situaciones emocionales, también  el dolor físico responde a ese fenómeno; un ligero masaje de la madre en la frente de su hijo, ayuda a aliviar la fiebre y el dolor; y lo mismo sucede cuando en nuestra vida adulta estamos enfermos y alguien nos toca, nos da un masaje, nos aprieta sencillamente la mano.  Ese contacto favorece el relajamiento, nos da seguridad y calma.

 

Ni qué decir del efecto positivo del contacto cuando se trata de una persona mayor; a veces pensamos equivocadamente que los ancianos rechazan la cercanía física, que la toman como algo irrespetuoso.  No es así, las personas mayores aprecian un abrazo, un gesto afectuoso, en especial las personas con demencia necesitan gestos de cercanía física dados con respeto y afecto.

 

 La rapidez del diario vivir nos convierte en autómatas que olvidamos la importancia del contacto personal, la importancia de abrazar y ser abrazado. Por eso, digamos de vez en cuando  ¡ abrázame por favor ¡

PENSIÓN A LOS 96

Camina con paso firme, pasándo revista a un grupo de militares en formación; ese es su último acto público oficial pues a partir de hoy se pensiona y pasa a disfrutar de su tiempo ya libre de obligaciones oficiales.  Me refiero al Duque Felipe de Edimburgo, esposo de la reina isabel II.

 

Mientras leo la noticia pienso que es una proeza pensionarse a los 96 años; algunos dirán que su trabajo no era tan pesado, que ir de banquete en banquete siendo atendido con honores en todas partes no es ningún trabajo.  Pero la realidad es que el recién pensionado príncipe consorte Felipe absolvió más de 22.000  actos oficiales el sólo,  sin contar aquellos en los que acompañaba a la reina.  Eso es desde luego un trabajo fatigoso;  siempre bajo la lupa, dando y escuchándo discursos, participando en reuniones, saludando a cientos de personas y sonriendo aún cuando ése día esté algo desmotivado, todo eso representa un esfuerzo.

 

Pero lo que encuentro realmente interesante en la biografía del Duque de Edimburgo es que muestra una vida de superación; de aceptar dificultades y convertirlas en oportunidades de crecimiento personal. 

 

Su infancia no fue muy afortunada ya que el pequeño príncipe de Grecia y Dinamarca no había cumplido los cinco años  cuando la familia tuvo que huir de Grecia y refugiarse en Alemania donde sus parientes maternos  lo aceptaron un poco de mala gana. Su padre abandonó a la familia dejandolo al cuidado de sus hermanas mayores puesto que la madre sufría de esquizofrenia y permanecía largas temporadas en clínicas psiquíatricas.  La solución era por supuesto el internado, y durante  las vacaciones visitaba a sus hermanas pasando de una casa a otra  para no agobiar mucho a  sus parientes.

 

Muy distinto a los príncipes de los cuentos, Felipe  era  un noble sin dinero ni hogar, con un título de alcurnia pero sin arraigo familiar y con un futuro incierto, hasta que formado parte de la marina británica conoció a la entonces princesa Isabel. De ahí en adelante, ha desarrollado con altura y elegancia su tarea como príncipe consorte; es conocido por sus comentarios  un tanto imprudentes pero ante todo espontáneos; la rigurosidad de la corte no ha disminuído su peculiar sentido del humor.  Ha sido un consejero leal y un soporte seguro para la reina, y se ha ganado el respeto, la simpatía  y el aprecio de los británicos.

 

Ahora, después de siete décadas de trabajo ha decidido finalizar su labor oficial  e ingresa con 96 años  en el merecido estatus de pensionado. 

CAMPAñA PRO-ARRUGAS

 Me asombra leer acerca del ascendente número de mujeres que buscan de manera artificial prolongar la juventud o crearse unos rasgos perfectos.  Por eso estoy haciendo campaña para que valoremos un poco más nuestras arruguitas y por si acaso alguna está pensando en aplicarse botox o realizarse alguna de aquellas cirugías de estiramiento, tal vez algunos argumentos le podrían ayudar a desistir de esa idea.

 

En el mundo se realizan anualmente más de 20 millones de cirugías de rejuvenecimiento y procedimientos de botox, muchos de ellos con graves y permanentes perjuicios para la salud.

 

Luchar contra la naturaleza no es aconsejable, mejor ayudarla cuidandonos apropiadamente, haciendo ejercicio y comiendo sanamente.  El resultado será siempre más agradable visualmente que el observar a una persona después de la segunda o tercera cirugía.

 

Una vez botox, para siempre botox. Quien se aplica una vez esas sustancias sigue el resto de la vida dependiendo de la inyección períodica hasta cuando la acumulación de botox en su rostro sea definitivamente poco atractiva a la vista.

 

Lo mismo sucede con las cirugías de estiramiento facial; se crea una dependencia nociva que te lleva a una cirugía tras otra, acumulando el tejido sobrante en tu cuerpo hasta que termines con un rostro totalmente artificial. Seguramente cada una conocemos uno que otro caso como ese.

 

En Estados Unidos muchas actrices son fanáticas de la toxina botulínica, y con algunas pocas excepciones ya no participan en películas de calidad pues sus rostros entumecidos por el botox no pueden mostrar emoción alguna; ninguna risa natural, ningún gesto de asombro, nada.    Tampoco en otras áreas profesionales altamente calificadas quieren contratar a una ejecutiva con labios hinchados como los de un boxeador después de una golpiza del contrincante, prefieren a una mujer estructurada mentalmente así no sea tan bonita.  En algunas profesiones la ecuación es   botox = desempleo. 

 

El último argumento,  al igual que el dinero no proporciona felicidad, la "eterna juventud"  o la belleza tampoco son garantía de una vida en armonía.

 

 

 

 

CUESTIÓN DE CONCIENCIA

Los valores y nuestra ética personal se reflejan en decisiones sencillas de la vida diaria

Supongamos que nos vamos de vacaciones y una amiga nos hace el favor de regar las matas, y al regreso consideras indispensable darle un regalo como gesto de agradecimiento.

 

La pregunta es,  es necesario siempre dar algo a cambio de un favor?  No se convierte ese gesto de cortesía en una situación de “pagar”  a tu amiga por su colaboración ¿    Y si esos pequeños favores se prestan de vez en cuando,  no se genera una especie de obligación de dar una contraprestación por el favor recibido?

 

Por otra parte, a veces la otra persona se incomoda un poco con el regalo, al fín y al cabo ella considera que hacer un favor a una amiga es normal y se da por sentado que eso no necesita compensación material.

 

En las relaciones interpersonales hemos asumido que la reciprocidad se debe demostrar muy tangiblemente, y eso genera ese intercambio de regalos que con el paso del tiempo puede  incomodar a ambas partes.  

 

Para evitar ese  “ yo te doy, tu me das”    tal vez sea mejor no regalar algo cada vez que esa persona nos preste un favor,  sino  hacerle alguna vez una espontánea invitación,  algo especial  para demostrarle que apreciamos su colaboración.

 

Lo fundamental como siempre en las relaciones interpersonales, es la sinceridad y el agrado con que hacemos un favor.